El universo de los patógenos de transmisión sexual abarca mucho más de lo imaginado, sumando más de treinta bacterias, virus y parásitos que se propagan mediante el contacto íntimo o incluso de madre a hijo durante la gestación y la lactancia. Mientras que padecimientos bacterianos como la sífilis, la gonorrea y la clamidiosis responden eficazmente a tratamientos rápidos basados en antibióticos, los virus como el herpes simple, la hepatitis B y el papiloma humano se instalan a largo plazo, dejando secuelas que van desde el cáncer de cuello uterino hasta daños hepáticos severos. A esta lista se suman nuevos desafíos sanitarios globales, como los brotes de viruela símica y la reaparición de infecciones desatendidas, obligando a los sistemas de salud a replantear sus estrategias de contención frente a una capacidad de adaptación microbiana cada vez más veloz.
Frenar el avance de estas infecciones requiere mucho más que buena fortuna, convirtiendo a los métodos de barrera y a la inmunización en las herramientas de defensa más potentes disponibles en la actualidad. Si bien los preservativos continúan siendo indispensables cuando se usan de forma sistemática en cualquier práctica sexual, la ciencia ha avanzado hacia la prevención médica avanzada mediante vacunas altamente efectivas contra la hepatitis B y el virus del papiloma humano, cuya implementación global busca erradicar el cáncer cervical en la próxima década. Paralelamente, la investigación clínica acelera el paso en la búsqueda de nuevas vacunas para la gonorrea y el herpes, mientras los expertos evalúan alternativas innovadoras como la profilaxis posterior a la exposición con doxiciclina para proteger a las poblaciones más vulnerables.
Fuente: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/sexually-transmitted-infections-(stis)
